Titin | 06/02/17 00:00

Tengo sentimientos encontrados con la cobertura del fallecimiento de Manuel Antonio Noriega por parte de las televisoras locales. Por un lado no la regaron del todo con excesos innecesarios y, por el otro, creo que quedaron en deuda con una generación que requiere que le recordemos nuestra historia para que nunca más se repita y que, inclusive, con nuestra historia pueden comprender la realidad, por ejemplo, de la Venezuela de hoy. ¡En deuda!

Sí, por un lado cuando uno revisa las coberturas sin las pasiones a favor o en contra que despierta el personaje de Manuel Antonio Noriega, uno se da cuenta que fueron coberturas con profundos vacíos del contexto que debe llevar una nota de un hecho noticioso como este.

Los productores y los periodistas olvidaron esa premisa de que el contexto es parte de la información que hay que darle a quienes nos leen, nos escuchan, nos ven, hoy, llamados como un todo, audiencias.

Los canales comerciales, inclusive la televisión estatal, recurrieron a las mismas fuentes que entrevistan para todo. Las mismas voces que hemos escuchado hablando de corrupción, de la canasta básica, del transporte, del agua. Los todólogos del país que muchas veces no aportan nada y lo que buscan es sus minutos de taquilla dizque como conocedores de todo y no conocen nada.

Ahora, si es por primicia o inmediatez, la nota se la llevó el Sr. Álvaro Alvarado y Telemetro Reporta Última Edición, conducido por el Sr. Luis Vásquez, ya que estuvieron en directo transmitiendo primero que todos hasta altas horas de la noche.

Más allá de eso. Nada que sorprenda, nada que sea diferente a lo ya presentado, nada creado para las nuevas generaciones que no tienen de idea esa parte de la historia del país, nada producido y creado para las plataformas que hoy consume la juventud.

No hay excusa alguna para que en los APP's de las televisoras no se produjeran contenidos especiales sobre el Sr. Noriega y su relación con la historia del país para que fueran consumidos por la generación del celular-tablets.

En el avión en el que regresé a Panamá antes de ayer, por ejemplo, unos jóvenes panameños, de 19 años que iban sentados al lado mío lo único que podían decirme de Noriega es que era un hombre malo que le hizo mucho daño a su país, cuando ellos ni siquiera habían nacido y que era tan famoso como Rubén Blades. Obvio, yo quedé patidifuso ante tan poco contenido sobre la historia de Panamá.

Y es que era más importante para las televisoras tener a periodistas haciendo guardia a las afueras del hospital Santo Tomás para no decir nada, que presentar despachos con coherencia, con sapiencia, con contexto, con información relevante.

Era más importante para las televisoras tener a periodistas -que no saben construir una oración- haciendo guardia a las afueras del centro de cremación hablando bobadas o repitiendo como tontos lo mismo, que presentar una información con contexto.

Era más importante para las televisoras sentar en sus sets de noticias a "todólogos" más quemados que un gallote en verano hablando lo mismo que han dicho por años que a historiadores reales no cuenteros taquilleros.

Era importante para las áreas multimedia de los canales hacer un especial ripi-ripi que un contenido inteligente para una generación de móviles y así dejarles algo más que ver a gente encuerada, claro, eso no da ratings ni seguidores de redes.

Y es que ahora algunos colegas hacen del periodismo lo que ellos quieren, no lo que las audiencias necesitan. Hacen del periodismo un show a su favor, aunque lo disfracen de otra forma. Quítenle una cámara a ver si ayudan de verdad.

Ahora es más fácil creerte el paladín de la justicia y llamar a medios, a periodistas o escribir-despotricar en redes amenazando porque no te gustó una crítica que agarrar aunque sea un curso online para Kinder de comprensión o uno rápido para aprender a hablar.

Ahora es más fácil pararte a fuera de un lugar a presentar un despacho en directo de 3 minutos donde no dices nada, donde lo importante para el productor es estar ahí que informar.

Hay que volver a la esencia del buen periodismo. Ese, si seguimos así, también morirá.

  • Ahora algunos colegas hacen del periodismo lo que ellos quieren, no lo que las audiencias necesitan.